折り紙

 

“Oru” significa plegar y “kami”, papel. Y esas son las normas básicas. Ni cortar, ni arrugar.

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EL ARTE DE DOBLAR

Coger un papel y hacer un barquito. Un simple acto casi inconsciente que repetimos desde que somos niños. No sabríamos decir con exactitud quién nos lo enseñó. Quizá en la escuela, en casa de aquel tío… Lo cierto es que llevamos repitiéndolo desde muchos, muchísimos, años atrás. El origami data, en concreto, del siglo II d. C. en Oriente, si bien no sería hasta diez siglos más tarde cuando llegó a Occidente. Arrancó como un pasatiempo entre ricos por el alto coste del papel pero ya por 1.800 se había convertido en una costumbre popular.

Responsable de esto —en la cultura hispanohablante— fue Miguel de Unamuno, quien no perdió la oportunidad de reclamar los beneficios de esta tradición. La llamaba la “cocotología”, un término que eligió por parecerse a “cocotte”, esto es, pajarita en francés. En su libro de Amor y Pedagogía el escritor de la generación del 98 confiesa que “la importancia de la cocotología es que, como veremos más adelante, puede llegar a ser ciencia perfecta”.

En esta novela el filósofo hace una defensa férrea del arte despedazándolo paso a paso. Dice así: “He de empezar por el estudio de la embriología de la pajarita de papel, a partir del cuadrado primitivo de papel que, salido del protoplasma papiráceo, es el óvulo de donde la pajarita habrá de desenvolverse. Y tal óvulo tiene que ser a fuerza cuadrado, lo más perfectamente cuadrado que quepa, sin que sirva que sea un cuadrilátero o paralelepípedo, pues de este no sale más que un monstruo, como puede comprobarlo el investigador si, como nosotros, ensaya.”

Poesía de mente y cuerpo. Un arte relativamente nuevo si lo comparamos con la pintura o la escritura pero que no es ajeno a multitud de leyendas. Así, en Japón, por ejemplo, se cuenta que aquel que doble mil grullas de papel se le concederá un deseo.

Edad de oro del origami

Según los expertos, estamos en la edad de oro de la papiroflexia. Nosotros quisimos jugar con estas normas y elegir un cuento o una historia que contar a través de sus pliegues. Para ello, contactamos con  la artista interdisciplinaria, Agustina V. Palermo, quien vive actualmente en Berlín donde desarrolla sus investigaciones en torno al Diseño amplio. Palermo nos explicó cómo ella ha incorporado parte de esta tesis en un juego Urbano #PlayDiogenes que será presentado con un adelanto exclusivo en el número uno de La Gran Belleza.

#PlayDiogenes,

por Agustina V. Palermo

La libertad de expresión era la cosa mas bella del mundo para Diógenes de Sinope, un sujeto muy peculiar que vivía en un tubo de cerámica en Atenas. Un loco lindo, como diríamos en argentina. Un marginal en el centro de la ciudad.

En un tiempo en que las ciudades eran otra cosa, que la libertad del espacio público era un espacio comunitario compartido y de discusión, donde el debate lejos de separar, era celebrado porque estaba vinculado a una construcción colectiva, a un tipo de felicidad llamada Eudaimonia, una felicidad significativa, duradera y mas allá del individuo, una felicidad altruista y colectiva. Esta felicidad se construye, se despliega en el debate y se vuelve a plegar transformada en nuevas manifestaciones, en maneras de comprender el mundo, como una especie de origamis, que nos expresan tan frágil y tan fuerte como una hoja de papel que en cada uno de estos pliegues elige mostrar un lado, pero que el lado invisible la construye.

Lo de afuera y lo de adentro, lo uno y lo otro, armados en barquitos de papel, grullas, corazones, casitas, y tantas formas como queramos construir y compartir y poner a en un río que fluye a la vista de todos. Como expresiones libres de nuestras individualidades en bellas formas que desfilan a la vista de todos. Algo de eso hay en Diógenes, en #PlayDiogenes, y en una felicidad que hemos perdido y que esta en nosotros recuperar jugando juntos. Los invito.