Mujeres olvidadas en el arte

Ni guerra, ni sexo en la oficina

Hace realmente muy poquito que descubrimos que la mayoría de nuestras influencias artísticas son masculinas. Las bibliotecas, las librerías, los festivales, las exposiciones, las ferias… han sido escaparate del arte masculino con el que hemos crecido. Y ahora nos toca darle la vuelta. Porque en la literatura ya se ha escrito mucho sobre guerras y sexo en la oficina.

Este año tuve la suerte de que cayera en mis manos Cómo acabar con la escritura de las mujeres, de Joanna Russ (Editorial Dos bigotes), un libro que desmantela cómo poco a poco las mujeres fueron reduciendo sus posibilidades de ser escritoras. La merma viene de argumentos tan burdos como que las autoras no tenían mérito porque se escribían a sí mismas. Esta opinión, según cuenta Ellen Moers, salió de círculos académicos:

“Su juventud extrema, al igual que su sexo, han contribuido a la opinión comúnmente aceptada de que ella no fue tanto la autora como un medio transparente a través del cual pasaban las ideas de aquellos que estaban a su alrededor”.

El problema de las mujeres, de Jacky Fleming, hace hincapié en el mismo hecho y también desde un lugar cómico a la par que hiriente por la realidad que narra.

El caso es que, como nos podemos imaginar todos a estas alturas, sí que hubo grandes artistas que crearon obras maestras a lo largo de la historia a pesar de que no se expongan en el Museo del Prado. Del lado de la escritura, por ejemplo, una suscriptora nos recomendó Tea Rooms de Luisa Carnés. Hija de un barbero y una sastre, fue una niña autodidacta que tuvo que trabajar desde muy pequeña. No obstante, a los 23 años ya había publicado su primera obra (Peregrinos del calvario) irrumpiendo en la escena literaria madrileña. Luego vinieron muchas más como Natacha, Mujeres obreras o Tea rooms.

Textos que habían desaparecido de las bibliotecas pero que, gracias al feminismo y al boca a boca, se están volviendo a editar. Y lo más importante: a leer.

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