La locura, el tema del nº6 de La gran belleza

El número será presentado en Madrid el 21 de junio

Hoy nos tomamos un café con Gabriela Cabezón, Rubén Abella y Ana Esteban, los tres escritores invitados en este número. Nos contestan a la pregunta de qué es la locura, el tema que hemos escogido como inspiración en este número 6. Y nos gusta que al lado de locura aparezcan conceptos abiertos y cerrados, como si la locura fuera dentro y fuera, presente y pasado, nuestra y de todos. Esto es la locura para ellos:  

 

Rubén: Hay una locura clínica, supuestamente objetiva, que suele definirse como la privación del juicio y cuyo diagnóstico es facultad de la psiquiatría. Es la Locura con mayúscula, un leitmotiv en la historia de la literatura. Sin embargo a mí, como escritor, la locura que me interesa es otra. Es una locura más humilde, de andar por casa, que en mayor o menor medida nos afecta a todos. Los síntomas son muy variados. Están, por ejemplo, las discrepancias entre lo que creemos ser y lo que somos. O las historias que nos contamos a nosotros mismos para justificar nuestros fracasos. O nuestra inveterada tendencia a decir una cosa y hacer otra muy distinta. En este sentido, todos estamos un poco locos.

Ana: Llevamos nuestra mente encerrada en el cráneo, como una computadora siempre encendida con los archivos de nuestras cosas y con ciertos comandos para sus tareas, esperando a que pulsemos el botón correspondiente. Pero a veces decide escapar a nuestro control, huye de su condición de máquina pensante y organizadora, y comienza a cruzar circuitos y establecer conexiones extrañas. Algo así es para mí la locura, pero luego está esa otra idea amable de la locura como la libertad de salirte de los protocolos establecidos, ensayar nuevas programaciones o dejar que fluyan otros lenguajes, que es imprescindible para la creación.

Gabriela: Las formas legitimadas de la opresión: que se naturalicen y no verlas.

 

Y, al margen del tema de este número 6, queríamos también indagar en su faceta como escritores. En concreto, lo que nosotros buscábamos en encontrar aquella manía que poder señalar como propia de estos tres invitados. En literatura siempre han existido los mitos sobre que Keroac escribió «On the road» del tirón, durante tres meses de encierro. O que Virginia Woolf escribía de pie y separándose del escrito como si fuera el lienzo de un pintor.  ¿Cómo escriben estos tres escritores que hemos invitado en este número? O mejor, ¿dónde encuentran inspiración? ¿Existe?  

 

Ana: Claro que la inspiración existe, pero no proviene de lo abstracto sino del almacén de nuestra experiencia: lo que vemos, lo que leemos y escuchamos, lo que sentimos, las personas y las cosas y el mundo que nos rodea son una fuente de inspiración. Todo está ahí vibrando, junto a nosotros, lo que pasa es que hay que poner atención para captarlo y ser capaz de retenerlo el tiempo suficiente para poder expresarlo de algún modo; eso que decía Picasso de que cuando venga te pille trabajando. La inspiración siempre está flotando por ahí, es un hilo delgado del que hay que tirar hasta formar la madeja.

Rubén: No creo en las epifanías ni en las revelaciones. Eso son regalos divinos y en la escritura —al menos en la mía— los regalos brillan por su ausencia. Los estímulos que animan la creación surgen mientras el proceso creativo está en marcha. Entonces tienen lugar esos momentos de especial lucidez, escasos y valiosísimos, en los que las tramas se desenredan y las ideas fluyen. A mí esos chispazos suelen sobrevenirme en casa, mientras escribo, pero también en la calle, en el metro o incluso en la ducha.

Gabriela: Me inspiro, en estos últimos tiempos, en los árboles que arden y se ondulan, se estremecen en el viento y en la luz como si ardieran, como carbón quemándose, como cualquier cosa haciéndose llama se estremecen y se ondulan. Miralos, mirá cómo arde el verde de los árboles, ese color que es cientos que brillan y se hacen oscuros alternativamente, cada hojita es luz y es sombra al instante siguiente, se prenden y se apagan como luciérnagas, miralos a todos bajo, adentro del sol: verde trigo, verde gris, verde bronce, verde musgo, verde amarillo, verde menta, verde seco, verde mojado, verde morado, verde rojizo, verde azulado, verde negro, verde marrón, verde sediento, verde lleno, verde limón, verdes, verdes, verdes, ¿los ves todos plateándose como se platea la superficie del mar que fulgura y se hace sombra toda inquieta como si no fuera mar sino estremecimiento?¿Los ves destellar describiendo casi círculos como si se figuraran estrellas hechas de fuego? Literalmente me inspiro y los inspiro: el aire que nos hace el mundo es su aliento.

Gabriela Cabezón. (1968 Argentina). Es una de las voces más originales de la literatura argentina y una de las escritoras más potentes de su generación. La crítica habla, refiriéndose a su novela más reciente, Las aventuras de la China Iron de «una prosa encantada y casi milagrosa» y de una «obra fundacional» de la literatura argentina. Esta novela fue elegida entre los libros del año en la edición en español del New York Times y de El País , España. La Virgen Cabeza, su primera novela, resultó finalista del Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón y Libro del Año 2009 para la revista Rolling Stone, Argentina. Su nouvelle Le viste la cara a Dios fue publicada por la editorial española Sigueleyendo en octubre de 2011 y fue el primer e-book en castellano en ser elegido libro del año por la Revista Ñ.

Rubén Abella es doctor en Filología Inglesa por la Universidad de La Rioja y ha cursado estudios de postgrado en las universidades de Tulane (Nueva Orleans, Estados Unidos) y Adelaida (Australia). Su primera novela, La sombra del escapista, recibió en 2002 el Premio de Narrativa Torrente Ballester y con su segunda, El libro del amor esquivo, resultó finalista del Premio Nadal en 2009. En 2007 No habría sido igual sin la lluvia mereció el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos, feliz incursión en el género del microrrelato que quedó revalidada en 2010 con Los ojos de los peces. En 2011 publicó Baruc en el río y en 2015 California.

Ana Esteban (Madrid, 1964) es autora de las novelas Es solo lluvia (Debate, 2001), La luz bajo el polvo (Ediciones del Viento, 2006, finalista en el Premio Jaén de novela), y del libro de relatos Peces de charco (Baile del Sol, 2016, finalista en el Premio Setenil al mejor libro de relatos en España). Ha publicado artículos, crítica de cine y de libros, entrevistas y reportajes en El Semanal, El País, Buensalvaje, El Asombrario y otras publicaciones. Imparte talleres literarios en Fuentetaja y otros centros de Madrid.